La joyería y sus distintas calidades: de la bisutería a la alta joyería
¿Qué diferencia una joya de diez euros de otra valorada en varios miles? A primera vista, su estética puede confundir al cliente inexperto gracias a la evolución de las piedras de laboratorio y su capacidad para aparentar un valor superior al real. Pero el ojo entrenado del joyero distingue rápidamente los anillos, broches y pendientes alta bisuteria de sus contrapartes de la alta joyería. Conocer estas categorías y niveles de calidad es fundamental para comprar con acierto.
En el escalón inferior, la bisutería atrae más por el ojo que por la precisión de los acabados o la exquisitez de los materiales. Su peso y sensación al tacto delatan rápidamente este tipo de piezas, elaboradas con plásticos, resinas y aleaciones simples. De esta característica se hace eco el diccionario de la RAE, que define el término como «industria que produce objetos de adorno, hechos de materiales no preciosos».
Un peldaño por encima en términos de calidad, la alta bisutería se encuentra a medio camino entre la joyería fina y la bisutería más elemental. Los procesos de fabricación entrañan un mayor cuidado y sofisticación, y el aumento del precio final posibilita el uso de gemas semipreciosas y de metales como el cobre chapado en oro. La pieza resultante no se deteriora tan fácilmente como las del grupo anterior.
En la joyería fina, se emplean el oro, la plata de ley y las piedras y cristales preciosos, abandonando soluciones de bajo coste como el baño o chapado antes mencionado. La exquisitez de sus técnicas y materiales garantiza una mayor durabilidad, así como la reparabilidad del producto en caso necesario.
La cúspide del sector joyero, su máxima expresión si se prefiere, es la alta joyería. Los anillos, pendientes, pulseras, etcétera, elaborados con este grado de excelencia contienen diamantes, esmeraldas y metales nobles. A diferencia de los anteriores, estas piezas son artesanales al cien por cien, alcanzando en muchos casos el estatus de arte.